Entrevista:
¿Es cierto que hay un cierto gusto por la recuperación de sonidos del rock y el folk, un movimiento en el que podría integrarse Chuck Prophet?

Dudo si encajo con ese público. De ahí sí me gustan nuevas cosas, nuevos sonidos, material que no esperaba escuchar. Pero no creo que alguien me vaya a confundir con, digamos,
Devendra Banhart o Jack White, por mucho que los admire. Me gusta ir hacia delante y atrás en una canción, entre la chispa del sonido de los descubrimientos reciente y esa grasa indefinible de los tubos ‘vintage’, aunque sin hacerlo en plan arqueológico. Utilizo herramientas nuevas de vez en cuando. Pero esta vez grabamos el disco en un estudio que estaba casi como en 1957. Y le sentó bien a las canciones.
- Su último trabajo «¡Let Freedon Ring!» está carg
ado de historias sencillas. ¿Se considera cronista de una época?

Una pregunta divertida. Me gusta dejar las cosas claras cuando escribo. Captura la manera en que habla la gente. Coger bien sus voces. Quise ser periodista, un reportero, y todavía está rondándome por ahí esa aura sobre esa profesión (que, por cierto, está tan mal pagada como la del rockero que va por la carretera). Y sobre el paso del tiempo te diré que todo funciona en base a momentos, no en base a épocas.
- Son temas intensos, cargados de guitarras agresivas y envolventes, ¿le gusta la experimentación, caminar por senderos musicales alternativos?

¡¿Piensas eso, honestamente?! Simplemente, pasa porque quise hacer un disco de rock’n’roll. Me sentí bien delante de dos guitarras, un bajo y la acción que desprende la batería.

- En algunos temas suena a blues, otras veces a soul, pop e incluso goodspel. ¿Con qué influencia se siente más identificado?
Toda esa música está en el aire. Hay gente que la llama americana o cosas así. Yo no la llama de ninguna manera. Es parte de mi ADN, supongo. Nunca he sabido encontrar una respuesta satisfactoria a este tipo de preguntas. Supongo que la mejor respuesta es esa frase de la canación “It Won’t Be Long”, que dice “me gusta T-Bone Walker y me gusta el pan bla
nco”. Me gusta la música, pero amo el rock’n’roll.
- ¿Cuál es la clave para que su música sea tan bien recibida en Europa?
¿Me he perdido muchas veces conduciendo una furgoneta? Sí. ¿Me preocupa eso? Joder, ¡pues claro que no! 
- Ahora participará en varios conciertos en España. ¿le acompañará su banda de siempre, con Stiphie, Kevin, Todd Roper y James DePrato?
Estaba hablando con un amigo sobre esto y él dejo caer algo que tal vez sea la respuesta a lo que preguntas. “Porque en la base de España el arte es una pieza importante, tío. Siempre la ha tenido y ha sido
así”.
Desde hace bastante que estoy con la misma unidad de tres piezas. Stephanie Finch tocando los teclados, la guitarra y cantando. El joven genio James DePrato encargá
ndose de varias guitarras y Kevin White al bajo. Será también la primera vez que salgamos de gira con Paul Taylor a la batería, y me excita la idea. Él es de Memphis, la cuna de la civilización del Oeste, la capital del Delta del Mississippi, la de Elvis Presley, el Rey, el lugar donde nacieron el rock’n’roll y la lucha libre estadounidense. Lo conocimos, a Paul, hace años, cuando estaba tocando con los hermanos Dickinson y coincidimos otra vez el vera
no pasado, cuando estaba con Amy Lavere. Tiene ese groove en la sangre del campo y las montañas, así que nos irá muy bien para quitarle el polvo a algunas canciones viejas (y para trabajar con eso las nuevas, claro).
- ¿Es un poeta del rock? ¿Francamente? Creo que soy Rilke, García Lorca, Screamin’ Jay Hawkins y Nipsy Russell, todos en uno. En realidad, sí creo que hay poesía en el rock’n’roll. A veces que quedó absorto cuando me sale algo así. Hay una vieja expresión rural estadounidense que dice que incluso un cerdo viejo encuentra de vez en cuando algo en el suelo para comer.

- ¿le gusta vivir en la carretera? ¿prefiere las salas pequeñas, de proximidad con el público?
La vida en la carretera es para mí más fácil porque mi esposa, Stephanie, está siempre al lado y con la cartera llena de dinero cuando lo necesito. Mira, he tocado para públicos bien grandes y en sitios que parecían una sala de estar. El gran Warren Zevon, con quien trabajé y eso me hace sentirme orgulloso, decía que su mejor concierto fue uno que dio en una estación de metro, en Boston, en los años 90. Y eso que ya era famoso. No era un músico callejero, no puso un sombrero en el suelo para pedir dinero. Me dijo Zevon: “Tío, no puede ser que siempre haga conciertos que agotan entradas”. Ese lo dio solo por su amor a las canciones.